Desde el Gran San Bernardo aún no se ve Roma. Pero se huele.

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Ubicación del Col Gran Saint Bernard

El punto clave sin duda de la Vía Francígena es el Puerto del Gran San Bernardo a 2.473 metros en los Alpes, frontera sur natural entre Suiza e Italia. Y lo es sin duda por la dureza del trayecto pero sobre todo por lo simbólico del mismo.

Los peregrinos que vayan a Roma por la Vía Francígena siguiendo este trazado, tienen dos opciones para dejar Suiza y adentrarse en tierras italianas. La primera, el túnel abierto en 1964 que desde casi el Bourg Saint Pierre en Suiza cruza hasta la ciudad de Aosta en Italia. Un total de casi 6 kilómetros.  Y la más clásica, subir hasta los 2.473 metros en el que un albergue y un hotel junto al lago del Gran San Bernardo, hacen de frontera entre ambos países.

Col del Gran San Bernardo desde el lado suizo

Col del Gran San Bernardo desde el lado suizo en julio

Y éste es el paso que ha tomado el peregrino de la Vía Francígena. El camino histórico a través del cual los Romanos llegaban desde Milán hasta la actual Boulogne sur Mer en Francia. El paso llamado Mons Jovis o Mont Joux en honor a Júpiter por la dureza de su tránsito. Hemos de recordar que a día de hoy sólo se puede pasar durante tres meses al año, permaneciendo cortada la carretera durante los otros 9 meses por la alta presencia de nieve.

Por eso, ya en el año 1035, el fraile Bernardo di Mentone (San Bernardo) decidió crear un hospicio de canónigos regulares para atender a los viajeros y peregrinos que en ambos sentidos transitaban por los restos de la calzada romana, que seguía siendo su guía más de mil años después de que se creara. De hecho, aún a día de hoy, parte del tránsito de la Vía Francígena por este puerto, se realiza por la mismísima Vía Romana.

El Col del Gran San Bernardo fue paso de las tropas francesas en Mayo de 1801 hacia Italia. Dice la leyenda que Napoleón fue subido sobre el asiento de un bidé debido a la pérdida de numerosas mulas durante el trayecto. Nada parecido al retrato del dictador sobre un caballo pintado por Jacques-Louis David.

La vista del lado italiano a la mañana siguiente desde el albergue

La vista del lado italiano a la mañana siguiente desde el albergue

Y lo que se encuentra el peregrino al alcanzar el paso es un gran albergue comunicado por un pasadizo exterior colgante con el hotel. Ambos en el lado suizo. Siguiendo la carretera por la orilla del lago, se llega hasta los puestos fronterizos y tras pasarlos, algún hotel y con cafeterías en el lado italiano, que sin duda son un descanso para las flacas economías que han sobrevivido a la rudeza de los precios suizos.

Llegar al Col del Grand Saint Bernard es sin duda haber hecho la mitad de la Vía Francígena para aquellos que salieron a pie desde Canterbury. Un lugar de reflexión en soledad al calor del refugio y de sus gentes. En su mayoría voluntarios que permanecen varias semanas al año en el refugio para ayudar a los pocos monjes que ya quedan. Y sí, también refugio de los famosos perros San Bernardo que son quienes despiertan al peregrino, con sus ladridos, pronto por la mañana.

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3 thoughts on “Desde el Gran San Bernardo aún no se ve Roma. Pero se huele.

  1. Realmente, tu recorrido por la Via Francígena ha debido ser maravilloso. Con sus cosas buenas y malas, por lo que te leo, ha supuesto una verdadera experiencia…

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