La revolución es caminar lento. Y mis botas ya están sucias.

image

Hace frío en Monteriggioni, en la Toscana italiana. Y suena a dulce las duras palabras del grupo italiano Têtes de bois. Y la imaginación se va al camino andado estos 5 días de sur a norte por la Vía Francígena. Pero esta vez no solo como la mayor parte de la primera vez.

No es mismo. Ni debía serlo. Porque andar un camino nunca es igual. Ni siquiera el caminante. Ni debe serlo porque cada paso es evolución. Es revolución. Interior. La que vale, la que queda en la tierra y en los corazones.

Una semana de gotas, como caídas del cielo. Incluso metafóricamente. Esos compañeros de viaje que nunca verá más el caminante pero que han sido realidad mientras caminaba hacia la sopa de trigo caliente del Festival de la Viandanza de Monterrigioni. Y de ellos quedará algo en las demás gotas hasta ser la misma cosa en el mar.

Quizá quede el recuerdo del queso de oveja curado en vino de Brunello. O los pici al pesto. O el fango sobre la Vía Francígena. O la suavidad con la que recibe la vista las colinas de la Toscana. O el aviso de eternidad que fuerte nos gritan los cipreses alineados de la Provincia de Siena.

De nuevo oigo que la revolución se hace caminando. Y mis botas nuevas empiezan a estar llenas de barro del camino por el que miles de peregrinos iban a Roma o a Santiago.

Sigo escuchando poemas cantados mientras me resuena en la cabeza la idea de Stevenson de que lo verdaderamente importante del camino, son los amigos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s