Historia de dos ciclistas que cambiaron su mundo para cambiar el mundo pedaleando.

Por su interés, reproduzco aquí casi íntegra la introducción autobiográfica que hacen los viajeros Laura Martínez y Aitor Iñiguez, miembros  y fundadores de PLÁNTATE y recientemente entrevistados aquí. Es una bella experiencia, sincera y detallada que creo debe ser leída sin que el autor de MOVIMIENTO LÍQUIDO aporte nada más que su reprodución íntegra. Sólo pureza en sentimientos, emociones y acciones.

LAURA MARTÍNEZ Y AITOR IÑIGUEZ, LOS FUNDADORES DE ¡PLÁNTATE!

LAURA MARTÍNEZ Y AITOR IÑIGUEZ, LOS FUNDADORES DE ¡PLÁNTATE!

LAURA MARTÍNEZ CALDERÓN (Madrid 1976): En2001 decidí viajar a Escocia por 3 meses para aprender inglés al tiempo que trabajaba. Realmente lo que buscaba era un cambio, una aventura, algo más de sabor para esta vida que aunque “sabía rica” me resultaba en lo profundo insípida. Finalmente me quedé un año y después de tanto frío me dirigí a Canarias guiada por algo así como un impulso. Allí sin decidirlo sucedió que senté mi base, un lugar donde trabajar con turismo por todo el año y que gracias al calorcito te permite hacer una vida mas alternativa. Y, así fue… Viví desde en una cuevita, en una tienda de campaña, una casa antiquísima (sin luz ni agua corriente, por supuesto), o en una caravana anclada en una playa. En los últimos tiempos me aburguesé y me compre una caravana antigua que funcionaba.

Había dejado ya lo que fue mi profesión (profesora en gimnasios de un sin fin de cosas que podemos resumir en fitness) y me había convertido en artista de calle haciendo sobre todo espectáculos de fuego y percusión con amigos y alguna vez en solitario para saborear la independencia. En esos tiempos viajé con la mochila por Europa sin un euro en el bolsillo, haciendo dinero en el trayecto (haciendo artesanía sobre todo de collares y pulseras, y el espectáculo de calle que amplió horizontes también al arte de “estatua”).

Durante un año viví en Cabo Verde donde hice algo de espectáculo y finalmente me dediqué a la pintura (primero en la construcción “de brocha gorda” y luego la cosa se fue refinando hasta acabar haciendo encargos de pincel fino en paredes de bares y restaurantes), después de aquello y ya en Canarias, la sincronicidad que es lo que desde que comencé a viajar me llevó a acabar en India con un billete abierto para un año y algo de dinero que habia ahorrado trabajando como bruja en la “casa del terror” (en un tiempo en que decidi ponerme mas seria con eso del trabajo).

En India despues de viajar un poco descubrí mi rinconcito “Dharamsala” y una escuela “suboddy butoh” donde guiada por un maestro japones descubrí mundos internos inimaginados y a traves del movimiento corporal aprendí más de lo que nunca pude imaginar. Fue en las vacaciones de la escuela cuando  fui a Nepal a renovar mi visado de India para continuar en la escuela. Allí coincidí con Aitor en un logde y tras compartir 15 dias en los que hicimos un grupo con algunos otros viajeros y nos fuimos de acampada… surgió la idea en mí de unirme a su viaje. Como mujer una tiene algunas limitaciones y junto a Aitor vi la posibilidad de realizar un viaje de sueño que hasta entonces ni siquiera habia imaginado.

Aunque ambos estabamos muy felices viajando en solitario y un poco reacios a compartir con otros decidimos probar y ver (nada tiene que ver con una historia de amor a primera vista como a la gente le gusta pensar; el amor fue algo que surgió después, de la nada y con el tiempo de compartir y conocernos pero no en primer momento).

Asi fue que en febrero del 2008 y tras gastar lo que me quedaba para la escuela en una bici (algo cutre) y atar mi mochila a la parrilla trasera, comenzamos andanza pensando realizar la ruta Nepal, España casi casi en línea recta.

El principio fue difícil para ambos pues Aitor estaba acostumbrado a hacer unos 100kms al dia y en mis primeras pedaladas yo, con 40-50 km no daba para más. Poco a poco el cuerpo y la mente se hacen a esta vida maravillosa y dura, que te pide el 100% pero te da todo de vuelta y en un momento del camino tuvimos un encuentro que nos hizo cambiar todos nuestros planes. Fue en Samarkanda, alli encontramos a Daisuke un japonés que por esos momentos llevaba 10 años y medio en bicicleta. Nos habló de la península arábiga y de África y en esa misma charla sentados mientras compartíamos un desayuno con este gran personaje, decidimos que nos adentraríamos en este continente para descubrir por nosotros y saborear en nuestros paladares todo aquello que nos compartía nuestro amigo.

El viaje en bicicleta si quieres y simplificas, puede ser algo tan barato como muchos no imaginan. Eso sí, cuanto más barato lo quieras, más cosas has de cargar contigo.

Echamos cuentas y cambiamos planes, allí mismo y así comenzó de nuevo otra aventura que nos llevaría por parajes inimaginados a conocer a gentes increíbles y descubrir a lomos de la bicicleta lo maravilloso que es el mundo y que, lo crean o no, está lleno hasta los topes de buena gente.

En 2010 tuve un accidente en Cabinda (una parte del Congo que pertenece a Angola) bastante fuerte. Tras un mes de intentar sanar allí, acepté con muchas más fuerzas de las que se usan para subir ningun puerto, el tener que volver a España en avión y allí recuperar mi cuerpo roto.

Aitor continuó pedaleando dirigiéndose al norte por la costa oeste africana, donde una infección lo llevó arrastrándose casi a tener que tomar la dura decisión del avión, de volver así de sopetón. Tras tragar saliva y soltar lágrimas, volvió a su tierra Euskal Herria donde poco a poco y en un año se recuperó. Tras un año entre la familia y haciendo algo de dinero volvimos a la normalidad de la vida en la carretera, al pedaleo y a saborear esa vida nómada que tanto nos gusta y que hemos elegido compartir.

Aquí estamos de nuevo en ruta, casi ya saliendo del Kurdistán en dirección a Nepal donde pararemos a hacer algo de dinero… o ese es el plan pero si nos hemos convertido en profesionales de algo, es en el arte de cambiar de planes.

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AITOR IÑIGUITZ OYARZÁBAL (Andoain 1977): Desde que era pequeño me había imaginado descubriendo lugares y gentes diferentes. Luego, de mayor cuando trabajaba aprovechaba para viajar a países extranjeros y la mayoría de veces lo hacía en solitario.

Tenía en mente hacer un viaje largo y para eso decidí dejar el trabajo y comenzar uno en bicicleta por Asia, el cual iba a durar entre 1 y 2 años. Además mi jefe me dijo que si volvía antes de 2 años podría volver al mismo puesto, por lo que dejar el trabajo al final no fue ningun trauma.

Pero al poco de estar viajando me di cuenta de que el viaje iba a ser mas largo de lo que había pensado y le escribí un mail a mi jefe diciéndole que no iba a volver. Así como me deshice de un piso que justo habia empezado a pagar.

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