Gracias por contestarme en silencio en el Vaticano

Te doy gracias por haberme empujado a cruzar el Tíber. Y por haber sacado de mí las palabras justas para hacerte la pregunta: “¿Por qué debo cruzar el Río Tíber y llegar al Vaticano?” Porque la respuesta tras 2000 kilómetros por la malherida columna vertebral de Europa, reside en la propia pregunta. Gracias por dejar que continuara con mi rodilla casi rota después de que el Rebel me instara a saltar. Y salté. Gracias Francis por el salto y por el azafrán en la infusión de menta.  Gracias por lavarme los pies justo el día en que mis oídos lloraban de calor turístico. Y por hacer que la Vía Francígena sea un mar de espíritus confusos embarcados en el misterioso y competitivo afán de señalizar un camino inexistente.

Gracias por hacerme comprender con tu ironía y presunta vanidad que las mías, mi ironía y presunta vanidad son peores disfrazadas de un coleccionista de sellos de lugares de paso y acogida.  Y por no hacerme la ola entre miles de japoneses a mi paso por Vía Conciliazione haciéndome comprender que al camino se entra solo y se sale solo. Por mucho que lo grabes en tu nueva cámara de vídeo.

Gracias por no hacer las líneas perfectas y convertir los caminos rectos en vías de dobles sentidos, círculos, caminos llenos de “cancellos”. Y un hotel en medio de la nada con dos botellas de agua frizzante, fría, esperando saciar gargantas secas pero alegres y acompañadas de unas pocas moras, las que aún quedan en la desértica Toscana. Gracias Ángela. ¿Lo ves, Harry?

Por la pizza de Pera y Gorgonzola, y la comida europea de refugiados en el kilómetro 100 de Montefiascone. Por ser la “R” de tu novela en la que da igual ser un vagabundo o un peregrino. Y por la noche que pasaste junto a un anillo solar esperando que no se borrara la expresión “CARPE DIEM” en una Roma caduca y empobrecida.

Gracias por traerme los recuerdos de un señor cura con barbas que de la nada hizo un mundo, enseñando a leer a los niños más pobres del Trastévere. Por dejarme ser tu pasado durante tres días mientras yo alucino cómo puedes ser tú mi futuro. El helado de la Piazza Navona estaba mejor que los que presumían de ser los mejores del mundo en San Gimigniano.

Gracias por dejarme saber que por tu Parkinson no podrás hacer nunca más la Vía Francígena ni el Camino de Santiago. O por hacerme saber que tu cáncer fue el fin de tu peregrinación, sin duda más amarga y dolorosa que llevar casi 16 kilos entre tu espalda y tu pecho.

Gracias por dejarme un saco de arroz integral o por enseñarme que la mochila no es más que una metáfora de nuestra vida, al igual que el supermercado en el que he comprado tantas y tantas pequeñas bolsitas de una barata mozzarella que en ningún caso han sido de búfala.

Gracias por ponerme a Andreas detrás de la cola del supermercado (y eso que olía peor que yo) y por hacer que lo único que nos despertara esa noche en la sala multiusos de Capranica, fuera el aullido desesperado de un perro lobo. Y eso que la mesa era dura pero cómoda para dormir sobre ella.

Y por hacerme comprender que desde Tanzania comprendiste que era mejor ir a Italia a ser misionera que quedarte en tu pequeña aldea. Y acoger a peregrinos perdidos en Bolsena, al igual que Sor Ginetta la cual se ha ganado el cielo en Siena con el la sonrisa de los albaneses, de Matteo, de Helène…

Y gracias por hacerme sufrir en la recta final de Radicofani, San Quirico D’Orcia, Aquapendente y Montefiascone. Porque al volver a oler mi mochila, la de un peregrino, recuerdo que ese era el olor del vagabundo al que todos tememos y odiamos. Porque ese vagabundo de la Vía Francígena está en todas y en cada una de nuestras pieles. Y lleva nuestro olor. Y porque puedo llamar al ibuprofeno, Ibu.

He llegado a Roma. He estado conmigo. He vuelto a Pamplona.

Tres meses. Monte Mario. Roma. Fin de la Francígena

Tres meses. Monte Mario. Roma. Fin de la Francígena

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3 thoughts on “Gracias por contestarme en silencio en el Vaticano

  1. 🙂 me encanto lo que escribiste. buscando informacion sobre la via, para empezar a soñarla y concretarla, Dios mediante, el año proximo, un trocito nada mas, desde Lucca a Roma, me encuentro esto que escribiste justo el dia de mi cumpleaños… buena señal… cuando me disponia a hacer el camino de santiago, hace unos meses, escribi que caminaba porque camninando, soy… esto que escribiste tu me recordo eso. si te es posible agradezco un mail con la informacion sobre albergues y estadias en ese trecho (de lucca a roma, con direcciones y precios. Mil gracias! Buen camino, por siempre.

  2. Y el hijo se hizo hombre y el hombre encontro el camino.Se encontro asi mismo en los demas peregrinos.Gracias Raul empiezo a comprender al hombre.

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