Burbujas de belleza por una Italia decadente

Después de todo aún quedan algunos ángeles como los Sforza. Y también el recogimiento de la escritura cuya necesidad me ha llamado esta mañana, desesperada, tras más de 20 días sin contacto con ella. Y viene a mí escuchando gritar a un italiano sin razón aparente. Descansando de una carretera por la costa del mar de Liguria entre Carrara y Massa. Y algunos creerán que esto es el paraíso toscano. Y lo es. Paraíso de polvo, industria, pobreza, empresas cerradas, basura en la carretera, coches abandonados, y montañas otrora ricas en un mármol con fin a las más variadas vanidades. Y viendo pasar un tren rumbo a Roma Termini, dudo que pueda encontrar una paz como en el Col Gran San Bernard, o en Orsières (Suiza) o en Saint Thierry (Francia) con las monjitas. Si bien continúo en el camino, la Vía Francígena acabó en el momento en el que el paisaje pasó de ser un acompañante amable a una preocupación. Pero sí existe algo de belleza. En cápsulas. Como en el Duomo de Fidenza o Piacenza, en la calle principal de Vercelli, en los mosquitos tigres de los arrozales de la llanura Padana. Pero la Vía Francígena es como Europa: un camino viejo, sucio y cansado necesitado de un vendaval fuerte que lo limpie, lo purifique y lo reconstruya con un poco más de cariño con el que los italianos reconstruyeron ciudades como Aulla tras la Segunda Guerra Mundial. La Vía Francígena es el cura o monja humilde que te da cobijo, la familia que te acoge en su casa, el jubilado que te invita a una pizza de pera y gorgonzola mientras narra angustiosamente recuerdos de una infancia bombardeada por los aliados, la joven italiana que cree que su belleza no desaparecerá nunca. Pero también la rumana de 32 años y 3 hijos que vende mecheros a la entrada de una ciudad, la pareja que duerme en un autocaravana sin motor, la italiana tatuada con desamores y una hija, el moldavo a quien unos italianos no le pagan, o la dominicana que añora su país en la Piazza del Duomo de Pavía. Mientras no me regalen una ceguera nueva, debo ver que la Vía Francígena no existirá nunca mientras creamos que es sólo un gran paseo por Europa. O una excusa más para hacerse una foto y salir en la prensa.
Ventajas y desventajas de ir despacio y ver las cosas.

Pero volvería a cruzar el río Po con Danilo en su barca para seguir buscando la misma magia o fantasía que un día Paulo Coelho encontró forzadamente en el Camino de Santiago.

¿Y si no cruzo el Tíber? ¿Para qué cruzar el Tíber?

Sí llegó a ser lacia la Toscana

Sí llegó a ser lacia la Toscana

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3 thoughts on “Burbujas de belleza por una Italia decadente

  1. “Ventajas y desventajas de ir despacio y ver las cosas” (muy sabio)
    para ver que el hombre da una cal y diez arena,
    y que, por ese poco blanco que anima la carrera,
    merece hasta el final tu búsqueda y tu espera.

    Seguro que es un poco hortera, como me dijo un profe de 3º de EGB cuando le entregué una estrofa mía, hecha con más buena voluntad que acierto. Pero, estando de vacaciones, con un poco más de fuerzas, e inspirado por tu pluma y un gran libro que acabo de terminar -“En lugar seguro”, de Wallace Stegner- me he dejado llevar por el lirismo.
    Total, que forza bambino, y a ver si consigues escribir más a menudo a tus fans.
    Un abrazo,
    Juanmi

  2. me pame parece extraordinario este escrito. No dejes de escribir, es que, sabes que, hay mucho aficionado por esos mundos que no hacen mas que copiar.

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